!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN" "http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-strict.dtd"> inter shitty 2073: Lo importante no es ganar... o al menos eso dicen (I)

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El blog las verdades relativas, las reflexiones estúpidas y las referencias idiotas. Donde las cosas se aprenden desordenadamente.

19.10.06

Lo importante no es ganar... o al menos eso dicen (I)

Hoy hablaremos de deporte. Sin entrar en polémicas ni rivalidades. Haciendo caso omiso de Gasol, Nadal, Alonso y demás pinceladas de actualidad. Porque cada día tratamos de hacer el 2073 más imprevisible e infumable, hoy repasamos (con el calzador que caracteriza este websitio) memorables eventos deportivos de la historia del siglo XX. En este nuevo coleccionable recopilaremos, en tres entregas, pequeñas y grandes historias preferentemente protagonizadas por aquellos que fallaron el tiro en el último segundo, los que se tropezaron a diez metros de la línea de meta. Porque la historia del deporte, aquella que no figura en letras de oro, la escriben los ganadores y, sobre todo, los perdedores (que para eso hay más).


El maratón de Pietri

Cuando en 2012 Londres celebre la trigésima edición de los Juegos Olímpicos de verano de la modernidad, la ciudad inglesa y antigua capital imperial, acogerá por tercera vez un evento de estas características. La última vez que la mítica antorcha (que algunos vimos desfilar por nuestra ciudad o pueblo en aquel lejano 1992, el año de España) desfiló por las calles londinenses fue en 1948, cuando el mundo todavía se recuperaba de la segunda gran guerra. Para encontrar las primeras olimpiadas celebradas en suelo británico tenemos que viajar hasta 1908 (¡98 años!). Después de las celebradas en Atenas, Paris y San Luis, aquellas fueron las cuartas olimpiadas veraniegas de la historia contemporánea.

Curiosamente, el deportista más recordado de aquellos Juegos del 1908 no ganó ninguna medalla. El atleta italiano Dorando Pietri llegó en solitario al estadio olímpico de White City con 42 kilómetros a sus espaldas. El transalpino había dominado casi desde el principio la maratón (prueba entre pruebas que en la actualidad sirve para cerrar cada edición olímpica). Sin embargo, cuando el estadio jaleaba la entrada del atleta a la pista reconociéndole como ganador y la afición azzurra se frotaba ya las manos pensando en el oro, Dorando encaró la última vuelta a la pista del estadio olímpico en la dirección equivocada. Totalmente rendido, sin fuerzas, vencido por la "pájara", Pietri se tambaleó primero y se desplomó instantes más tarde sobre la pista naranja. Los jueces, conmovidos por la escena al igual que el resto de los allí presentes, ayudaron al italiano, todavía seminconsciente, a cruzar la línea de meta.

Pietri fue descalificado por la ayuda recibida. El norteamericano John Hayes se subió a lo más alto del podium y recibió las flores y el oro. Sin embargo, Pietri, el perdedor, será siempre el recordado. Irónicamente, creo que de haber ganado aquella medalla hoy nadie se acordaría de este desafortunado italiano. Vivir para ver...


Los amantes del círculo polar antártico

Tras una travesía de 36 días por el océano Polar Ártico, el militar estadounidense Robert Peary llegó al Polo Norte en diciembre de 1909. A aquellas alturas la Antártida parecía en último gran reto deportivo dentro de nuestro planeta. Pocas aventuras tan emocionantes quedaban ya para los exploradores. El Polo Sur, virgen y desquiciantemente blanco, fue el campo de juego de una batalla deportiva y, en cierto sentido, política. Antes de la carrera espacial entre EE UU y la URSS, dos equipos de exploradores procedentes de Noruega y Gran Bretaña se lanzaron a la conquista del punto más extremo al sur de nuestro planeta.

La tripulación británica estaba capitaneada por Robert Scott que planeó la expedición como una oportunidad para estudiar la Antártida. Los británicos registraban las condiciones meteorológicas cada día y recogían minerales antárticos que se iban a encontrando por el camino. Además, uno de sus trineos contaba con un cuentakilómetros para registrar la longitud de la travesía.

Por el contrario, Amundsen, capitán de la expedición noruega, pasó del rollo científico y preparó el viaje con la idea principal de soportar la extrema adversidad de los factores antárticos. El equipo de Amundsen se componía de 8 hombres, especialistas en resistencia ante situaciones extremas (para empezar eran noruegos, que esos nunca tienen frío ¡la hostia), y 116 perros huskies en los que confiaba plenamente para completar su misión. Los perros, por cierto, una vez más fuímos co protagonistas del éxito humano.

Scott partió de la base del Cabo Evans el 1 de noviembre de 1911. A medida que la expedición británica avanzaba entre las tierras blancas de aquel infierno helado, los trineos motorizados que habían decidido usar como transporte se fueron estropeando. Para colmo de males, todos los caballos que Scott contaba para ayudar en la carga sucumbieron al frío, por lo que la tripulación tuvo que cargar con el equipaje. Días antes de llegar al Polo Sur, Scott mandó de vuelta a la mitad de su tripulación y decidió acabar el viaje con cuatro hombres.

El 14 de diciembre de 1911 la expedición noruega llegó al Polo Sur. Habían recorrido 3.200 kilómetros, el día era soleado. Aquellos nueve nórdicos se habían convertido automáticamente en héroes. Ya formaban parte de la historia. El éxito de la misión lo fue también el de su capitán y sus planteamientos. Amundsen había pasado el invierno en el campamento base, había situado víveres y combustible en la ruta que seguiría y había entrenado concienzudamente a su manada de canes. Después de varios días de descanso, él y su tripulación volvieron al campamento base. La expedición había durado 96 jornadas.


Tuvo que pasar casi un mes hasta que Peary llegara, con el resto de su tripulación, hasta el Polo Sur, donde ya hondeaba la bandera noruega. La decepción que aquellos hombres sintieron es incomprensible para alguien que no sabe lo que es andar durante semanas entre el hielo y la nieve. El camino de vuelta fue una auténtica pesadilla helada para los restos de la expedición británica. Muertos de hambre y frío, cargando 15 kilos de los minerales que habían ido recogiendo por el camino, los ánimos y las fuerzas se desvanecieron. La Antártida fue la tumba para Oates, Evans, Wilson, Bowers y Scott. Estos tres últimos murieron a escasos metros de un depósito de comida.



Fútbol olímpico: Perú en las olimpiadas de Hitler
La primera copa del mundo de fútbol se disputó en 1930 en Uruguay. El país anfitrión fue el primer equipo en hacerse con la corona del fútbol mundial. Cuatro años más tarde, la Italia de Vittorio Pozzo (entrenador) y Benito Mussolini (estadista), actuando también como anfitriona, se alzó con el codiciado título. En cuartos de final, el equipo campeón necesitó de dos partidos y todos los favores arbitrales imaginables para dejar en el camino a España, que en aquellos años era una firme candidata al título. En serio, no se rían, no es cachondeo...

Cuatro años después, Italia volvería a proclamarse campeona. El totalitarismo había descubierto el fútbol, y todo el deporte por defecto, como arma propagandística. Por aquel entonces el balompié ya parecía apuntar maneras como "deporte rey". Ser campeón mundial de fútbol suponía (y, como saben, supone) fama a nivel internacional. Una forma fantástica para exportar ideologías, por muy inflamables que estas sean.

En la relación entre el deporte y la propaganda también calló el amigo Adolf, camarada del mentado Mussolini. Las olimpiadas de Berlín de 1936 fueron un buen ejemplo de política y deporte cogidos de la mano. Pero esta historia, lo de Jesse Owen haciendo el saludito de marras al amigo Adolf y lo de la película de Leni Riefenstal ya lo saben. Sin embargo, puede que no conozcan la historia del equipo peruano de fútbol que compitió en aquella edición olímpica. En Pegamín se publicó un post de obligada lectura que a modo de epílogo cierran el post de hoy. Once pares de botas contra Hitler. Visítenlo.

4 Comments:

At 11:01 a. m., Blogger Mycroft said...

La historia de Pietri no la conocía, pero lo de las expediciones a los polos es un tema apasionante...de todos los perdedores, la hazaña de supervivencia de Shackleton todavía resulta increíble.

 
At 12:45 a. m., Blogger Horrorscope said...

Fantástico artículo, como de costumbre.

 
At 10:50 a. m., Blogger txolo said...

Muy buen artículo, si señor

 
At 6:52 p. m., Blogger perrolutxo said...

No conozco la historia de Shackelton, trataré de indagar sobre ello.

Como siempre, gracias por sus comentarios. Un abrazo para cada uno.

 

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