!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN" "http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-strict.dtd"> inter shitty 2073: Seis incunables por Belenos (parte 2ª)

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El blog las verdades relativas, las reflexiones estúpidas y las referencias idiotas. Donde las cosas se aprenden desordenadamente.

12.10.05

Seis incunables por Belenos (parte 2ª)

Continuamos el repaso por seis significativos números de la colección de Astérix. Si no leyeron la primera entrega de este repaso miran más abajo o pinchen aquí. De todas formas, sólo repetiré que los comics reseñados en este par de post no son necesariamente los mejores, ni los más divertidos. Simplemente he tratado de elegir seis números, más o menos, representativos. Dicho lo cual, continuemos...



Inclasificables: Pese a que en casi toda la obra de Uderzo y Goscinny se repitan los mismos patrones, hay ciertos números que, ya sea por su argumento, estructura o tono, rompen con lo previsible. En esta categoría tan difusa incluiré dos títulos fantásticos: Astérix y el caldero (1969) y El escudo Arverno (1968). En los dos números se relatan viajes muy diferentes a los que nuestros héroes galos nos tienen acostumbrados. Ambos recorren la Galia más allá de la aldea conocida por todos.

El primer número cuenta un triste capítulo para la aldea gala y para el considerado como uno de los mejores guerreros del pueblo, Astérix, por supuesto. Moralelastix, jefe de una tribu gala vecina, visita la aldea para pedir un favor al jefe Abraracurcix. Para evitar que el recaudador de impuestos romano les lleve parte de las riquezas locales, Moralelastix pide a la tribu de galos invencibles que custodien un caldero lleno de sestercios. Pese a que el jefe de la tribu vecina no despierta mucha confianza, Abraracurcix corresponderá a su homólogo destinando a Astérix la tarea de cuidar el caldero. Aunque el pequeño guerrero hace guardia toda la noche, unos ladrones sustraen el tesoro. Por contribuir en la deshonra de la aldea, Astérix será desterrado en un sumario proceso donde se reúnen todos los habitantes de la villa.

Abatido, Astérix partirá en busca de dinero para llenar el caldero y, de paso, recuperar su honra y la del pueblo. Como no podía ser de otra forma, Obélix acompañará a su amigo del alma para ayudarle a superar el trance. A partir de entonces, la pareja de coleguillas tratarán de conseguir el dinero de mil formas diferentes. Cada una de las cuales determina la peculiar estructura de este título. Serán comerciantes de jabalíes, gladiadores, actores, apostarán en las carreras de cuádrigas y tratarán de robar un banco. El desenlace de éste cómic quizá sea uno de los mejores de toda la serie.

En El escudo Arverno, se mezclarán dos historias con aparentemente nada que ver. Por un lado, Abraracurcix, el jefe, se aventurará a una terapia de adelgazamiento por sus problemas de salud, acompañado por Astérix y Obélix. Terapia a la que se someterá, por cierto, en los balnearios de Vichy, conocido como Aquae Calidae en la época romana. Por otra, se desgranará la historia de un escudo que Vercingetórix, jefe de tropas galas, lanzara a los pies de Julio César con otra serie de armas, después de que éste viniera, viera y venciera.

Las dos historias irán mezclándose cuando Astérix y su orondo amigo deciden visitar Gergovia, mientras su jefe se cura de sus males de estómago. Se repasarán acontecimientos históricos como las batallas en Gergovia y Alesia, en las que galos y romanos se vieron las caras. Se retratan, de paso, particulares personajes, como veteranos de guerra que niegan la existencia de Alesia, pues fue allí donde sus tropas claudicaron ante el ejército imperial. Otra cosa reseñable de éste título es la peculiar manera de reconstruir la historia del escudo utilizando una narración desde diferentes puntos de vista.



Uderzix: Aunque ayer dejé claro que, en mi opinión, los títulos de Astérix bajaron en calidad con la muerte de su guionista, René Goscinny, he querido incluir al menos una novela gráfica de las siete que hasta ahora ha publicado Uderzo en solitario. Mi elección, en este caso, es Astérix en la India (1987). La historia recuerda, inevitablemente, a Las mil y una noches. Ahivá, un fakir súbdito de el Rajá Passaya, acude para solicitar la ayuda de los galos. Por la pertinaz sequía (siempre quise utilizar esta manoseadísima expresión, ustedes lo perdonen) que asola el valle del Ganges, de donde proviene Ahivá, el peligroso gurú Dhalekanya (un Rasputín cualquiera) ha decretado la necesidad de sacrificar la hija del Rajá si no lloviera en mil y una horas. Así, afirma el malo malísimo, se apaciguará la cólera de los dioses. El bardo Asuranceturix toma, en este caso, el protagonismo, pues, por primera vez, sus horribles tonadas servirán para algo. Para hacer llover y salvar la vida de la princesa, claro está.

Después de un accidentado viaje en alfombra voladora, Asuranceturix, para desgracia de nuestros héroes y sus nuevos amigos indios, pierde la voz. Ya en el 50 antes de Cristo, como vemos, se cumplían a rajatabla las premisas más básicas formuladas por el cabrón de Murphy.


Sentimentalmente hablando: Ya que desde hace unos días no dejo de ponerme nostálgico, haré un ligero repaso de mis albumes preferidos, sentimentalmente hablando. Siendo un cachorro, Astérix legionario (1967) siempre me pareció el libro más divertido de toda la colección. Esta inversión de papeles se debe a que la conocida pareja de galos debe cumplir con otra misión. En este caso, tratarán de ayudar a Tragicómix, novio de la bellísima Falbalá. El joven ha sido obligado a combatir con el ejército romano en la guerra que Julio César mantiene contra el general rebelde Escipión. La forma más fácil para que los galos lleguen a África será la de enrolarse ellos también en el ejército imperial del César.

Una vez dentro de la primera legión, tercera cohorte, segunda manípula, primera centuria del ejército romano, nuestros amigos bidimensionales compartirán aventuras con unos peculiares soldados: un belga, un británico, otro germano, un griego y, mi favorito, el egipcio Campodetenis, que piensa que en vez de en el ejército está disfrutando de un viaje programado. No podían faltar los superiores desesperados, el cocinero y el hilarante traductor. Hay tantos y tan buenos gags dentro de este libro que, créanme, merece la pena que hoy mismo, si tienen un ratito, lo lean y se partan de risa.

Otra cumbre del humor historiada por este tándem de escritores franceses, para mí gusto, es Astérix Gladiador (1964), que retrata uno de los viajes de la pareja protagonista a la capital del imperio. Para liberar al bardo Asuranceturix, que ha sido secuestrado por los romanos para sacrificarlo en el circo como tributo al César, Astérix y Obélix se alistan en los gladiadores. A ellos les enseñarán que es mejor jugar y reírse que pelear hasta la muerte. ¿No han jugado nunca al sí, no, blanco y negro?

Entre mis favoritos también están Astérix y los godos, En los Juegos Olímpicos, La Cizaña, El adivino, La Residencia de los dioses… No hay ninguno malo, si lo pienso.


Al final he reseñado más de los seis títulos que prometía el título, pero realmente, como vengo diciendo, todos los títulos de la colección de Astérix son muy buenos. A mí me traen muy buenos recuerdos. Durante años me leía religiosamente un libro de Astérix, Mortadelo, Tintin, Zipi y Zape, Super López o similares, antes de dormir. Y, evidentemente, los de Astérix eran de mis favoritos. Aunque seguramente haya que dedicar en un futuro no muy lejano algún post a alguna otra figura del cómic clásico. Hasta entonces, como ya es costumbre en inter shitty 2073, recuperaremos el desorden que nos caracteriza.

2 Comments:

At 3:13 a. m., Blogger 藤原 弓美 said...

Soy hiperfan de Asterix y Obélix, en mis buenos tiempos los debo haber leído al menos veinte veces cada uno... por aquí los tengo a ver si algún día les vuelvo a coger el gusto.

 
At 1:51 p. m., Blogger perrolutxo said...

Yo también me releí mil veces cada uno. Eran los típicos regalos que siempre caían en cumpleaños y navidades.

Cuando los recupere se va a llevar una sorpresa. A mí, por lo menos, me ha pasado eso. Me acordaba de qué iban, pero se me escapaban muchos detalles muy cachondos.

 

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