!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN" "http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-strict.dtd"> inter shitty 2073: De Viaje III: La edad de la inocencia

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El blog las verdades relativas, las reflexiones estúpidas y las referencias idiotas. Donde las cosas se aprenden desordenadamente.

7.9.06

De Viaje III: La edad de la inocencia


Antes de convertirse en el multimillonario empresario galáctico que hoy todos conocemos, George Lucas, allá por los setenta, era un brillante y humilde cineasta que dejó para la historia del séptimo arte esa pequeña gran película que es American Graffiti. Un viaje nocturno por la América adolescente de principios de los sesenta, donde el emergente Rock´n Roll sonaba a todo volumen por los modestos equípos estéreo de los coches, pilar del divertimento juvenil. El licor, la música, las chicas y las carreras (muchas veces a muerte) solo eran complementos del cruising, un concepto de movida exclusivamente americano. Como el mismo Lucas explica, éste era "un ritual de amistad único en América que involucraba a los automóviles". Con la ruptura cultural que supuso el movimiento hippie y la paulatina desaparición del fenómeno, este barbudo decidió, en sus propias palabras, "documentar toda aquella experiencia generacional, que era la manera, en aquellos días, para conocer chicas y pasar el tiempo libre".


Viajamos hasta 1962, el final de la "última edad de la inocencia americana", como apunta la última frase de la sinopsis comercial de este imprescindible filme. Tres años antes Buddy Holly había muerto en un accidente de avión creando el primer mito del rock'n roll ("Nadie ha vuelto a hacer Rock'n Roll desde que murió Holly", se comenta en algún punto de la película). Aquel primer episodio de "la muerte del inocente" conmocionó en su día a una sociedad que, por aquel entonces, todavía vivía en el sueño del bienestar y lo políticamente correcto. Un año más tarde, el asesinato de Kennedy, que reavivó aquella conmoción ante la muerte del inocente, solo sería el primer episodio de los tres lustros más agitados de la historia reciente americana hasta el once de septiembre de 2001. Los sesenta, la guerra del Vietnam, la contracultura y la lucha por los derechos civiles, entre muchas otras eventualidades, cambiarían para siempre aquella "edad de la inocencia" americana. Ser joven, inocente y mortal en los USA nunca volvería a ser lo mismo.


American Graffiti narra una noche crucial en la vida de un grupo de amigos. La última noche de su inocencia, quizá. Unos jovencísimos Richard Dreyfuss y Ron Howard interpretan, respectivamente, a Curt y Steve, los cuales deberán coger un avión con destino a la universidad la mañana siguiente. Mientras Curt no está convencido si merece la pena dejar todo lo que le es familiar y querido para empezar una nueva vida a miles de kilómetros de su casa, Steve espera ansioso la nueva época que le va a tocar vivir. Tanto es así que decide informalizar su relación sentimental con Laura, hermana de Curt. La pandilla de amigos la completan Terry, conductor de una Vespa con la típica imagen de nerd, y John, el guaperas que conduce el coche más rápido del valle (nunca ha sido batido en una carrera).



La mente y los corazones de los protagonistas irán, esa noche inolvidable, a la deriva; arrastrados por la oscuridad, el rock'n roll y el olor a gasolina. En las ocho horas (hora arriba, hora abajo) en las que transcurre la acción de la película, nada saldrá como parecía planeado. Los habitantes y las circunstancias que rodean a esa noche moldearán y cambiarán para siempre el destino de ese grupo de amigos. El mítico e imitadísimo epílogo que nos regala Lucas dará buena fé de ello.



La galeria de secundarios que presenta Lucas suponen un fantástico acercamiento a aquella cultura del cruising. Éstos, además, serán una parte vital en el desarrollo de la trama, fundamentales a la hora de remover la conciencia de los protagonistas. Carol, una jovencita de catorce años dispuesta a hacerse pasar por chica crusing. La banda de los Pharaon, típicos macarras de chaquetas de cuero, altas velocidades y ningún buen pensamiento. La bella Debbie Duham, que luce uno de los peinados más icónicos de la historia del cine. Bob Falfa, interpretado por un primerizo Harrison Ford, el típico busca bocas que baja hasta los valles con su bólido para batir a la máquina de John. Wolfman Jack, el verídico DJ radiofónico que se hizo mítico entre aquella juventud del cruising. Y, como no, una desconocida y misteriosa rubia que conduce un Ford Thunderbird blanco y que traerá a Curt de cabeza.



Por las debilidades que tiene uno, en relación con la música y la magia de la radio, Wolfman es mi secundario favorito. Todos los conductores sintonizan su show en la radio de sus coches y disfrutan de las noches de magia rockanrolera y del sabor de una leyenda de la radio del que nadie saben nada a ciencia cierta. En el apartado Historial Accurancy sito en la entrada de Wikipedia de la película, se explica la verdadera historia de un mito de la radiofórmula californiana. Wolfman y sus canciones son el telón de fondo perfecto de esta historia de adolescentes a punto de pegar el salto a la madurez. El perfecto secundario fantasma, como las voces de la radio debieran siempre ser. Aprovechando el wikifilón, no se pierdán esta entrada que detalla todas las canciones que se pueden escuchar en American Graffiti, una de las grandes bandas sonoras de toda la vida.

El legado e influencia de esta película no son comparables con La Guerra de las Galáxias, que situaría, cuatro años más tarde y para siempre, a Lucas en el firmamento de los inalcanzables de Hollywood. Aún así American Graffiti sentó muchas de las bases que utilizarían muchas películas adolescentes venideras. Su repercusión es innegable. Toda una peli de culto que deja constancia de las buenas películas que George podría haber hecho sin valerse de un sable luz y el Halcón Milenario. En 1974, George Lucas, igual que los Estados Unidos de 1962, vivía la última época de su inocencia en el mundo del cine. Bendita inocencia.

4 Comments:

At 10:42 p. m., Blogger Horrorscope said...

Como siempre, Lutxo, le ha quedado un artículo soberbio. Coincido al cien por cien en su visión de, como usted mismo dice, esta pequeña gran película. Es un film dotado de grandes ideas y un argumento único, impuso obviamente una serie de tópicos que más tarde serían imitados con desiguales resultados (véase "Grease", que mola dentro de lo que cabe y de lo que nos da, pero no ha calado al subconsciente colectivo del modo en que lo hizo ésta).
Por otra parte he decir que el epílogo es fantástico (aunque a día de hoy por sus múltiples copias, aunque más que copias se podría decir que fue un estilo de cerrar películas que creó George Lucas con esta película de culto y clásico indiscutible), pero si hay algo que me marca de la peli es la escena predecesora a éste; ese final consigue dejarme sin aliento con solo recordarlo.

Un saludo.

 
At 2:52 p. m., Blogger perrolutxo said...

La escena final es ciertamente sobrecogedora. Le da otro sentido a todo lo visto previamente.

Yo creo que por desgracia Grease es mucho más recordada que ésta, pese a que copiara muchas de las ideas. Menos la del final, la cancioncita, el coche volando y todo eso...

GRacias por su comentario, amigo. Otro saludo para usted.

 
At 9:19 p. m., Blogger Mycroft said...

La banda sonora es excepcional, resume una época.

 
At 8:55 p. m., Anonymous Anónimo said...

recuerdo haber visto hasta la mitad, un viernes porla noche. el año pasado, no se si por la paramount, o la sexta tres la vi del todo. gran pelicula, mis personajes preferidos son carol y jhon. y el locutor se ha ganado a pulso su buena fama.

 

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