!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN" "http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-strict.dtd"> inter shitty 2073: Píxeles: absurda reflexión sobre el arte, la cultura popular, los juguetes y el miedo a crecer

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El blog las verdades relativas, las reflexiones estúpidas y las referencias idiotas. Donde las cosas se aprenden desordenadamente.

7.10.05

Píxeles: absurda reflexión sobre el arte, la cultura popular, los juguetes y el miedo a crecer


Píxel ya aparece en el mismísimo diccionario de la real academia, resquicio de virtudes castizas y conservadoras de esta España nuestra. La definición de este anglicismo reza de la siguiente manera: "Superficie homogénea más pequeña de las que componen una imagen, que se define por su brillo y color". La palabra píxel, tal y como yo la entiendo dentro de este post, se refiere a cada uno de los puntitos que conformaban los gráficos de los viejos videojuegos, de aquellas recreativas donde alguna vez nos dejábamos la paga semanal. Qué míticas, por cierto, las salas recreativas donde la gente un poco mayor que tú empezaba a fumar, donde confluían todo tipo de elementos ávidos de vicio, encontronazos violentos con sujetos similares y, por extensión, respeto. Muchas pandillas macarras de muchas ciudades y pueblos se confirmaron, estoy seguro, en aquellas salas recreativas que, poco a poco, fueron perdiendo la popularidad de la que gozaron a principios de los 90. Aunque, claro está, supongo que muchas seguirán sobreviviendo muy dignamente. Hace mucho que un servidor no se pasa por una de ellas, pero las máquinas, para nada seguirán siendo las de antes. Los videojuegos de tres dimensiones se han impuesto en los formatos caseros y en las maquinitas de toda la vida.

Actualmente el píxel es la materia prima con la que muchos artistas crean sus pequeñas obras de arte. Como éstas que he robado en la web de eBoy, un colectivo de artistas alemanes que llevan trabajando y reivindicando esta peculiar estética desde 1998. Si les interesa esta disciplina o si sienten nostalgia de aquellas máquinas de las que daban tres vidas por una moneda de 25 pesetas, de aquellas gordas plateadas, visiten su web. Recreaciones de ciudades, vehículos, aeroplanos, edificios, bodegones muy pop que simulan rostros, juguetes, retratos de personajes populares... ¡El paraíso de las dos dimensiones!



Particularmente, me parece fantástica su concepción del paisaje urbano. Las ciudades eBoy son un conglomerado de rascacielos, edificios imposibles, marcas comerciales y demás iconos futuristas y contemporáneos. Si amplían las imágenes podrán apreciar la cantidad de detalles de cada uno de los trabajos. Los dibujos están superpoblados, sobrecargados; como las míticas páginas por donde el bueno de Wally andaba perdido. La sobrecarga de detalles, supongo, forma parte de esta particular cultura del píxel. Puede apreciar, además, que muchos de los edificios o coches que podemos disfrutar por separado, aparecen luego integrados en las junglas urbanas de puntitos. Se pueden imaginar el proceso de elaboración. Las ciudades, los paisajes se crean por separado, como si fuesen piezas que vayan a formar parte de algún engranaje. De esta forma, este colectivo trata de conseguir que toda su obra tenga cierta homogeneidad.



Puestos a buscarles influencias, aparte de los mentados videojuegos clásicos, hay bastante parecido entre algunas de sus figuras y los míticos juguetes Lego. Seguro que muchos de ustedes pasaron las horas muertas de su infancia trasteando con las piezas de aquellos estupendos juguetes montables y desmontables. Un servidor tenía el aeropuerto de la mítica marca de juguetes nórdicos. Aunque también recuerdo unas cuantas naves espaciales de Tente que calleron en algún cumpleaños. Los píxeles, por aquel entonces, eran piezas cuadradas de plástico. Se podían tocar, juntar como se quisiera. Se podían morder y tragar. Cuántos compañeros creyeron morir de asfixia cuando a alguna de aquellas diminutas piezas les dio por alojarse en sus tráquea.

De hecho, al pasear por las numerosas imágenes recogidas en la página de eBoy no se puede obviar la influencia en sus dibujos del juguete como concepto. ¿Hace cuánto no se compran un juguete? Quizá no haga tanto tiempo. Seguro que, como yo, ya están hartos de oír manoseadas expresiones como "infantilización" o "síndrome de Peter Pan", en referencia a las conductas de las jóvenes generaciones occidentales. Los videojuegos, muchos de ellos dirigidos a un público adulto, facturan al año ingentes sumas de dinero que superan a los ingresos de muchas discográficas importantes. Creo que no sería descabellado decir que este tipo de creaciones artísticas reivindican, en cierto sentido, la memoria de las generaciones que hemos crecido con el televisor como referencia de las conductas, la moral y el mundo exterior. A grandes rasgos hablo de la cultura popular derivada de la sociedad del bienestar. La que lleva a que los jóvenes occidentales, a falta de conflictos bélicos o grandes traumas generacionales a los que hacer frente, se preocupen por su mundo interior, profundamente deformado por estas representaciones de la realidad habidas en el cine, la televisión o los videojuegos. Sé que mezclo muchos conceptos con bastante poco gusto, pero quería esbozar, de alguna forma, la intentio autoris de estos artistas de las dos dimensiones.

Mauro Entrialgo (otro artista de las dos dimensiones), por poner un ejemplo, es uno de esos tipos que sabe muchas veces clarificar en una sola viñeta de sus cómics, ideas que pululan al libre albedrío por mi desordenada cabeza. En una de sus páginas de Ángel Sefija, concretamente la que sirvió para ilustrar la sección "los autores vistos por sus personajes" incluída en el número especial 25 aniversario de la revista El Jueves, Mauro nos revela el porqué de su conocida aficción por el coleccionismo de juguetes. En sus palabras, los colecciona "porque su cerebro lo habitan conceptos como: arte bruto, cultura popular, diseño o, sobre todo, miedo a envejecer". Estos conceptos creo que podrían ser extensibles a mucha gente coetánea al autor gazteiztarra. Y en fin, no sólo coetánea, sino todos estos despojos, entre los que me incluyo, que han configurado un universo interior plagado de iconos y conceptos basuriles que nos han llevado a que, quizá sí es verdad, crezcamos con una mentalidad infantil (a falta, tal vez, de verdaderas experiencias traumáticas que nos hagan madurar). Conceptos que, igualmente, imagino que compartirán los miembros del colectivo de pixeladores eBoy. Pero, como saben, uno no es el más indicado para hablar de conceptos tan amplios como la cultura popular. A su disposición tienen nuemerosos blogs que cuidan este concepto con mucho más conocimiento de causa. Uno juega a ser sociólogo sin tener ni puta idea. Quizá sea por culpa de haber vivido años entre ellos.



Si les interesan los píxeles, aunque imagino que la conocerán, deben visitar Oink! Una página muy simpática donde, entre otras muchas cosas, están elaborando una ciudad pixelada donde se puede colaborar.

Tampoco puedo dejar de mentar, ya que hablamos hoy del píxel como vía de expresión artística, ese excelso programa conocido como MAME, donde unos generosos freaks llevan un tiempo mejorando un programa que simule, con la mayor fidelidad posible, todas las máquinas recreativas que puedan imaginar. Seguramente, si ustedes fueron alguna vez "jugones", ya se hayan descargado este programa. En ese caso, ya me podrían explicar cómo coño se pone en funcionamiento, porque he jugado en ordenadores amigos, pero ahora que lo he descargado en el mío no sé cómo funciona el tema ese de las Roms o como demontre se llamen esos dispositicos. Pero bueno, sólo les digo que, por lo visto, acaban de sacar una nueva versión. Y, aparte de como entretenimiento, se puede disfrutar del mentado programa como si de un museo se tratara. Tiene todas las máquinas míticas. Todas en las que se dejaron alegremente sus cuartos. Echar una moneda es tan fácil como pulsar el F5. Siendo así de fácil, la cosa pierde su gracia. Eran muchas más intensas las sensaciones cuando te estabas jugando tu dinero. Pero, de todas formas, está bien apreciar otro de los timos a los que nos vimos sometidos en nuestra infancia. ¿Se acuerdan de aquella mítica expresión: yo me llego a la quinta pantalla con cinco duros? Pues bien, ahora que se puden pasar en su cuarto todas aquellas recreativas se darán cuenta de que los putos videojuegos eran imposibles de pasar siquiera con una de aquellas monedas, ya extintas, de quinientas pelas. ¡Las últimas pantallas son jodidísimas! Bueno, que yo siempre he sido un patán en temas de videojuegos, pero ya les vale a los programadores de estos históricos entretenimientos electrónicos. Cuántas gominolas nos han negado por hacernos gastar el dinero en sus máquinas del infierno. Cuánto vicio nos han inculcado.


De un plumazo hemos mezclado, ya ven, píxeles con difusos retratos generacionales, cultura popular y anécdotas del tres al cuarto. Pero mi intención es, sobre todo, que se acerquen por las páginas enlazadas. Y, de paso, colgar en este humilde trastero de ideas estas fantásticas ilustraciones, a mi juicio, con las que, de alguna forma, me siento ligeramente identíficado y realizado. Como cuando era pequeño y veía una película de, por ejemplo, Robin Hood y después jugaba con mis clicks de playmobil a recrear aventuras del noble ladrón inglés; ahora veo estas imágenes y me entran unas ganas terribles de ponerme a aprender y a diseñar mis propias ciudades píxel. Ya ven que el que esto escribe también se considera un niño demasiado grande. Ya les decía en el anterior post que, entre mis primeras descargas mulescas, se encontraban una selección de series que me recuerdas a mi etapa más jovial y despreocupada. (¡Qué grande el Coyote y los Autos Locos, hablando de todo un poco!)

No sería justo dejar de mentar el ejemplar número 10 de la revista Belio, especial juguetes (publicado a principios del 2003), donde se hace una entrevista al colectivo eBoy. También en el mismo número viene recogida una interesante entrevista que Borja Crespo le hizo a Entrialgo. Si tienen oportunidad de leerla, les diré que Mauro deja mucho más claro que un servidor ciertos conceptos que vagamente han sido tratados en este post. Y, bueno, ya que hoy hemos violado unos cuantos derechos de autor, me despido con unas frases extraídas del prólogo del mencionado "especial juguetes": "Los juguetes mantienen la esencia de lo que fuímos, encierran dentro de sí algo que no deberíamos perder nunca: La ilusión, los sueños, la ingenuidad... Recuerdaselo a tus amigos, a la gente que más quieras... regálales algo bonito e inservible, regala sueños e ingenuidad... regala juguetes!!!" Amén.

8 Comments:

At 5:57 p. m., Blogger perrolutxo said...

¡Mierda! No sé por qué las imágenes no enlazan a las páginas donde deberían estar en formato grande. La primera si enlaza, pero el resto no. ¡Joder! ¡Puta! ¡Caca! Estas cosas me dan mucha rabia. Trataré de ponerle remedio pronto. Por cierto. ¿Qué coño pinta la ikurriña que aparece en la última imagen?

 
At 11:43 a. m., Blogger Tretolari said...

Muy brillante el simil del pixel y las piezas de lego. Me asombra tu pericia semantica.
Soy un enamorado del LEGO o cualquier instrumento de pasar el rato siendo creativo, incluso cago en mis manos una vez un PINO (version para pobres de LEGO/TENTE). Cuantas tardes perdiamos con exincastillos....

 
At 11:43 a. m., Blogger Tretolari said...

Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

 
At 5:12 p. m., Blogger perrolutxo said...

¿"incluso cago en mis manos una vez un PINO"?

¿Está usted haciendo referencia a la castiza expresión "plantar un pino"? A cualquier cosa le llaman "ser creativo" ;DD

¿Qué me diría si le invitara este invierno a LEGOLAND, Tretolari?

Un saludo!

 
At 3:01 p. m., Anonymous horrorscope said...

Usted es un nostálgico... Esas tardes edificando el castillo lego son impagables, aunque después convirtiese a las figuritas en estrellas de rock o en reyes del hampa que sobornaban a boxeadores; mezclándolos con juguetes de otra clase como los clicks que citas.
Y lo de las recreativas también era cojonudo, pero ya ha perdido granparte de su encanto en los últimos años. Y los auténticos macarras yo creo que empezaron así jeje.

Gran post. Cuídese y no hay nada de malo en ser un niño, a no ser que te de por tocar mucho las pelotas...

 
At 4:00 p. m., Blogger perrolutxo said...

Soy un nostálgico, usted lo ha dicho. Era un tanto solitario cuando era un cachorro, y lo digo sin ningún tipo de compasión hacia mí mismo, todo lo contrario. Siempre he sido bastante independiente. Y, como usted dice, montaba unas películas con todos mis juguetes que ya quisiera Spilberg. Mezclaba los clicks, con Lego, Heman, coches de miniatura... La verdad es que me encantaba jugar.

Una época que estuve pillado por el Street Fighter, a falta de cuartos para gastarme en las maquinitas y de consola propia, montaba campeonatos multitudinarios de artes marciales con mis juguetes. Les daba nacionalidades, nombres, un pasado turbio y hacía sorteos para determinar los combates.

Y aunque, a veces, me gusta tocar las pelotas; echo de menos parte de todo aquello. Hostia, la emoción de hacer hablar por tu boca a dos trozos de plástico con brazos y piernas. Tenía algo de mágico. Y a mí siempreme ha gustado la magia.

Un salud horror, muchas gracias por sus coments, que siempre se agradecen, y cuídese también usted.

 
At 4:18 p. m., Anonymous Horrorscope said...

Jajajaja... No estoy solo en el mundo, yo también caracterizaba a los trozos de plásticos y les ponía a comabtir por el título. Recuerdo que tenía el zoo de playmovil y con las verjas formaba el gallinero para que se metiesen de hostias dentro, era cojonudo cuando se pegaban con Hulk Hogan o Big Bossman en miniatura otros grandes clásicos.

Yo también me alegro al ver que le interesan mis paranoicos coments, gracias.

 
At 5:56 p. m., Blogger Tretolari said...

Iria con sumo gusto a donde fuera con usted, a LEGOLAND tambien.
Una vez lelgaron a mis amnos piezas de montar como las de LEGO pero de nua marca cutre PINO. Algunas no encajaban demasiado bien.....jajajaja

 

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