!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN" "http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-strict.dtd"> inter shitty 2073: Maus

inter shitty 2073

El blog las verdades relativas, las reflexiones estúpidas y las referencias idiotas. Donde las cosas se aprenden desordenadamente.

27.7.05

Maus

Después de mis días de asueto por Asturias (un saludo de agradecimiento para mis compinches de aquella fantástica tierra) vuelvo con ganas para continuar con la frenética actividad de Inter Shitty 2073. Solo decir antes de empezar a rajar que, bueno, veo que hay gente que entra en el blog y, supongo, lee algún texto y eso y que casi me da pánico releer las chorradas que escribo. En fin, que esto, pese al parón, continua y, ya decía (me repito mucho), vengo con ansias renovadas.

El post de hoy me sirve para matar dos pájaros de un tiro. Podríamos titularlo, estaba leyendo el periódico y me acordé de un tebeo cojonudo.

Anteayer leía en las páginas de cultura de El País la noticia "Los últimos días de la Segunda Guerra Mundial", según rezaba el subtítulo: "Un recorrido por diferentes libros y películas que ayudan a comprender los estertores del conflicto". Aprovechando el próximo sesenta aniversario del final de la contienda un grupo de habituales del "Diario independiente de la mañana" (risas enlatadas) se aventuran a recomendar los libros y películas que mejor ilustran esta época según seis ejes: el día D, el Holocausto, la liberación de París, la caída del III Reich, las bombas atómicas y el conflicto en sí. La idea no está mal. Es más, me parece una idea buenísima. Propuestas como estas deberían aparecer cada día en el periódico. Como el mismo artículo señala "cada vez más la historia es forjada por los libros y las películas".

Spiegelman, el intelectual roedor

Sin embargo, encontré una pega en una idea tan buena. Hay una delgada línea que separa lo pedante de lo sublime cuando uno se pone a referenciar libros y películas. A uno, de hecho, le da miedo ponerse un poco pedantillo cuando habla de sus cosas. En fin, el artículo que nos ocupa, en mi opinión, se quedó en el lado pedante de la línea por varias razones. Los mentados habituales del medio que eran entrevistados para aportar su opinión eran un grupo de escritores, historiadores, cineastas y pensadores. En una palabra: intelectuales. Y digo yo, qué aburridos son los intelectuales ¿no?

Dios me libre de promover el odio a la clase intelectual al más puro estilo yanqui (ya sabéis: "muérete Einstein" y todo ese rollo), pero es que me cuesta tragar estos tipos que tienen tan asumido ese papel y no se paran para ver toda la cultura que flota a su alrededor. Todo este berrinche, dicho sea de paso, lo agarré especialmente porque entre se dejó de mentar un fantástico comic book que ocupará la segunda parte de este post. El caso es que no me puedo imaginar a estos sabihondos sentados leyendo tebeos y degustándolos como se puede hacer con sus seguramente magníficas referencias. Ni siquiera de uno que podríamos tachar, con un poco de mala leche, de ser "intelectual" como Maus, de Art Spiegelman.




En fin, hablemos de comics. Leí Maus hace un par de años y no dispongo de un ejemplar a mano por lo que supongo que me dejaré detalles que me gustaron en el tintero, destacaré otros que igual no tienen importancia, puede que me invente alguno... Ya sabéis lo caprichosa que es la memoria. Lo que sí recuerdo, por cierto, es el tebeo me gustó mucho y que merecería ser mentado en cualquier lista de títulos imprescindibles para saber del Holocausto. Tengo algunos detalles que recuerdo haber comentado con los colegas que también leyeron esta obra y pese a lo poco profesional que es hablar de un libro sin tenerlo a mano, los "intelectuales" me han servido la oportunidad en bandeja.

Art Spiegelman, a parte de ser un dibujante norteamericano de tebeos underground, es hijo de dos judíos polacos supervivientes de Auschwitz. Maus cuenta la historia de la familia Spiegelman en dos vertientes. Recrea la terrible experiencia de los padres durante la invasión de Polonia y todo lo que vino después, ya saben. También explica el proceso de gestación de la obra mediante las conversaciones que Art y su padre mantuvieron cuando el primero tenía treinta y tantos, y el segundo era ya un viejo. El detalle de compatibilizar ambas historias es una de las primeras virtudes de la novela gráfica. Por un lado porque no sólo es interesante la historia de su padre en el pasado, sino porque lo son igualmente las taras psicológicas que tal experiencia le acarrea en su vejez. Por otro, porque un buen uso del metalenguaje siempre es de buen recibo por un servidor. Se puede decir que este metalingüismo aumenta profundidad al relato. Juega con ello hasta tal punto que incluye páginas de una historieta ya publicada por él y que tienen cierto peso dentro de la historia familiar. (Esta historieta aparecía, por cierto, en el Víbora número 4. Una vez lo descubrí ojeando esa revista en el piso de estudiante de unas italianas. Tenían una montaña de Víboras de los primeros años. Eran del hijo de la dueña. Ellas ni las habían echado un vistazo. Nunca en mi vida me arrepentiré tanto de no haber robado algo)


Pero ésta no solo es la historia de cómo aquellos bastardos sometieron al pueblo judío, sino también de cómo todo aquello afectó a las relaciones familiares. Al futuro de aquella gente por extensión. Cuenta el proceso de degradación de una familia obsesionada por ese terrible suceso del pasado. Ya sabéis ese tópico del tipo "al que persigue su pasado". En este caso el perseguido por su pasado es el propio autor. Esta es una autobiografía poco corriente pues los hechos que ocupan la mayor parte del relato son previos al nacimiento del bueno de Art. Pero esos hechos son definitivos. Esos lastres que deja la memoria después de haber vivido un capítulo tan chungo llevaron a que su madre se suicidara y que la única referencia de aquello sea su huraño, resentido y pirado padre. Las relaciones entre ambos, por cierto, nunca fueron muy buenas. Bonito juego narrativo ¿No creen? Es tan denso de explicar como de concebir según vas leyendo. Cosas del metalenguaje, supongo.
Así que tenemos por una parte una historia que se autoconstruye y un viejo judío tarado e inaguantable. Pero además un uso de los símbolos brutal. Los judios son ratones, los polacos cerdos, los alemanes gatos... Los judíos se ponen máscaras de cerdos cuando quieren pasar por polacos, porque ellos jamás renegaron en un principio, por lo visto, de su condición... El campo de concentración es Mauschwitz. Pero lo mejor es que el libro además no es maniqueo, ni cursi, ni condescendiente, ni efectista. Lo que se cuenta es real. Jodidamete real, como diría alguno. Cruda y jodidamente real.

Como decíamos habla de la supervivencia, y de las taras que ese esfuerzo conlleva. Porque la supervivencia es fruto de un esfuerzo tan cruel como decíamos que era la historia de la familia Spigelman. Porque la historia de la supervivencia del pueblo judío se escribe a base de guardar la mitad de cada trocito de comida rancia que te vas encontrando, pensando sólo en uno y traicionando a tus semejantes. Pero, dadas las circunstancias, si unos sobrevivieron a costa de otros ¿Se les puede culpar? Creo que el sentimiento de culpabilidad por haber sobrevivido es parte de lo que se trasmite de generación a generación. Porque el sentimiento de sobrevivir al Holocausto no es igual, me imagino, que el de haber sobrevivido a un naufragio o una catástrofe menor. Eran gente bien, dueños de fábricas. Quién les iba a decir lo que llegarían a hacer por un trozo de pan negro.
El comienzo del libro no lo puede dejar más claro. Ante el llanto del pequeño Art porque sus "amigos se ríen de él", se ha caído con los patines o algo así (recito de memoria), su padre le responde "¿Amigos? Enciérrate en una habitación sin comida. Al cabo de un mes sabrás qué son los amigos". Así de jodido, tú. Porque, en el fondo, Art Spiegelman hace además un retrato sin compasión del superviviente judío. Critica a parte de lo judío, del carácter de parte de un pueblo; yo al menos así lo percibí y que nadie me entienda mal. La obra creo que deja ese poso. ¡Por lo menos dos años después! Je, je...

Toda la historia de la supervivencia, la culpabilidad y lo que fue de los que pudieron ver más allá de las terribles verjas de los campos de concentración es parte de Maus. Supongo que mucho más. Pero creo que ya he revelado suficiente. Por su profundidad, sentido de crítica e imparcialidad al opinar sobre una época aberrante, visión de futuro; a parte de por el dibujo, los diálogos, la estructura, la capacidad narrativa de esos ratones antropomorfizados y el impecable diseño de cada una de las páginas lo nomino a mejor obra sobre el Holocausto. Yo, por lo menos, es con la que más he disfrutado. No tiene remilgos, ni remiendos. Para ser una historia de gatos y ratones todo parece muy real. Una vez más me gustaría tenerla a mano para releerla y poder ser lo más fiel posible... Espero que se animen, la lean y la disfruten. Sesenta años después aquellos todavía ponen los pelos como escarpias. Aunque sea en forma de tebeo.

1 Comments:

At 2:38 p. m., Anonymous Alba said...

Completamente de acuerdo. Me acabo de leer Maus y la verdad es que supera con creces muchas de las películas o libros que he podido leer antes del Holocausto, a pesar de que por ser un cómic sea considerado menos "real". Nada que ver.

Por cierto, muy buena descripción de la obra (y más teniendo en cuenta que no tienes el libro a mano! Mi memoria no sería tan buena, je je!)



Saludoos :)

 

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